Me
llaman viejo, pero soy un sabio;
Me
llaman calvo, o de cana blanca;
El
honor no es suyo, sino es muy mío;
La
inteligencia es la que me tranca;
Para
mí Los años no vienen solos;
Llegan
llenos de mucho amor;
Mis
canas blancas como son los polos;
Las que a mis años les dan sabor;
Que
sería de este loco mundo;
Si
viejos como yo no hubiera;
Desolado
y no fecundo;
La
sabiduría ni existiera;
Soy
un viejo, pero soy un sabio;
Con
arrugas en mi humilde cara;
Los
años no vienen solos;
Cosa
que no es ni rara;
En
la vida siempre he luchado;
Para
regalarles un mejor futuro;
A
mis nietos aconsejando;
De
ser elegante y puro;
Trabajé,
mis hijos del pan gozaron;
A
mi esposa quise como a ninguna;
Mis
nietos me lo recompensaron;
Con
risas bajo la luna;
Soy
un viejo de canas blancas;
Cicatrices
marcan mis manos;
Ese
es el fruto de la ley ya blanca;
Que
Los años no han sido vanos;
Mi
vos es más lenta, y oigo poco;
Quizás
tiemblan también mis manos;
Dando
vida a lo que con ellas toco;
Abrazando a quien son hermanos;
Soy
un viejo, pero soy un sabio;
Tengo
ochenta, lo recuerdo bien;
Muchos
años de gran valor;
Y
aspiro pasar de cien;
Me
llaman viejo, pero aun soy joven;
Conquisté
el mundo de mil maneras;
Para
que mis nietos felices gocen;
Y
vean el mundo de dos maneras;
Donde
solo haya amor y felicidad;
Por
eso luche seguro;
Deseando
ver feliz a la humanidad;
Y
mis nietos con mejor futuro;
Fui
hijo, también soy padre;
Soy
esposo, y compañero;
Seguí
los consejos que me dio mi madre;
Y
Trabaje como leñero;
De
esta manera me gane el pan;
No
fue deshonra ningún trabajo;
No
tuve prisa ni tampoco afán;
Di
la mano a los de abajo;
Dios
estuvo en mi vida presente;
Me
dio su mano pura y fuerte;
Me
levanto ante mucha gente;
Lo
seguiré hasta la muerte;
Me
dice viejo, pero estoy contento;
Que
fortuna es llegar a anciano;
A
un que todo se ponga lento;
Alguien
me dará la mano.